"By endurance, we conquer".- Lema de la Familia Shackleton
Resistencia. Una palabra fuerte, de las que a mí me gustan. Tal vez una que necesitamos escuchar en estos momentos. Tras casi dos semanas de cuarentena, muchos empezamos a perder la paciencia. Hay quienes no se sienten capaces de aguantar encerrados; las quejas y la autocompasión invaden las redes sociales. Mientras otros se parten el lomo ante la enfermedad en primera línea, desde la retaguardia se oyen lamentos sobre lo duro que es quedarse en casa y se disparan acusaciones vecinales.
Así que hoy os traigo una historia de adversidad, de mucho peligro, y permitídmelo decir, muy cruda para los que la vivieron. Pero no por ello menos real . Espero que os inspire y infunda valor para superar estos días de reclusión.
Bergantín Endurance atrapado en el hielo.
Esta historia empieza con la misma palabra. Resistencia (en inglés Endurance). Es el nombre de un buque británico, dirigido por uno de los último grandes exploradores: Sir Ernest Shackleton. Esta fue sin duda la aventura de su vida y la de su tripulación, la Expedición Imperial Transantártica. En agosto de 1914, el Endurance zarpa del puerto de Plymouth, y comienza su migración hacia el Sur, con el objetivo de cruzar a pie el continente antártico, epopeya que no lograría alcanzar. Cuatro meses después, en Diciembre del mismo año dejan atrás la isla de Georgia del Sur, el último puesto ballenero. Más al Sur solo les esperan dos cosas: el Mar de Weddell y la Antártida. No hay ni nadie más, ni nada más.
El Mar de Weddell a menudo está cubierto por una banquisa, una extensa capa de hielo que ocupa kilómetros y kilómetros. Por lo que el Endurance tenía que ser un buque rompehielos para abrirse camino. Aun así, el hielo sorprendió a los exploradores mucho antes de lo que se esperaban, obligándoles a hacer paradas de vez en cuando. El problema llegó a principios de febrero, cuando en una noche a temperaturas gélidas, el barco quedó atrapado en un bloque de hielo. Nuestros exploradores, como nosotros, quedaron encerrados sin poder moverse, durante más de 8 meses (después de los cuales la presión del hielo aplastó el barco como si fuese una hoja de papel). Es difícil manejar una situación de así, y para evitar el desanimo y los motines, Shackleton tuvo que avivar el seso y tomar las riendas con liderazgo férreo.
Con un aire optimista pero consciente del peligro, Shackleton rápidamente repartió tareas y responsabilidades, e intento que los hombres de la tripulación se centrasen en las tareas, y viesen que contribuían a acercarse a la meta final, salir de allí con vida. A cada tripulante se le encargó el cuidado de un perro de trineo, que llevaban para atravesar el continente, y se aseguró de que hubiese suficientes festividades para mantener altos los ánimos: fiesta por el último día de Sol ante la llegada de la Noche Polar, concursos de bigotes y de peinados, partidos de fútbol.... Se evitó cualquier elemento que generase peleas y se buscó darle a la tripulación un sentimiento de grupo. Fue una tarea dura, y lo peor aún estaba por llegar en su viaje, pero logró traer con vida a toda su tripulación casi cuatro años más tarde de su partida en Inglaterra
Después de este viaje, numerosos sociólogos han estudiado a Shackleton como un ejemplo de líder, y se ha intentado reproducir sus estrategias en diversas empresas. Tal vez nosotros también podamos aprender algo de él. Toda esta historia la podéis encontrar en páginas web, en documentales y en libros. Yo la conocí a través de la novela Endurance, la prisión blanca de Alfred Lansing (1959), la cual me cautivó durante mi paso por la universidad. Espero que el aislamiento de ocho meses de Ernest Shackleton y sus hombres nos sirva de ejemplo y nos ayude a afrontar con entereza esta cuarentena. Y que sus aventuras aviven nuestro corazón viajero que debemos sujetar en estos meses.
Si pinchas aquí podrás leer una noticia de La Vanguardia sobre este personaje y la aventura transatlántica.
El Mar de Weddell a menudo está cubierto por una banquisa, una extensa capa de hielo que ocupa kilómetros y kilómetros. Por lo que el Endurance tenía que ser un buque rompehielos para abrirse camino. Aun así, el hielo sorprendió a los exploradores mucho antes de lo que se esperaban, obligándoles a hacer paradas de vez en cuando. El problema llegó a principios de febrero, cuando en una noche a temperaturas gélidas, el barco quedó atrapado en un bloque de hielo. Nuestros exploradores, como nosotros, quedaron encerrados sin poder moverse, durante más de 8 meses (después de los cuales la presión del hielo aplastó el barco como si fuese una hoja de papel). Es difícil manejar una situación de así, y para evitar el desanimo y los motines, Shackleton tuvo que avivar el seso y tomar las riendas con liderazgo férreo.
Tripulación de la Expedición Imperial Transantártica.
Después de este viaje, numerosos sociólogos han estudiado a Shackleton como un ejemplo de líder, y se ha intentado reproducir sus estrategias en diversas empresas. Tal vez nosotros también podamos aprender algo de él. Toda esta historia la podéis encontrar en páginas web, en documentales y en libros. Yo la conocí a través de la novela Endurance, la prisión blanca de Alfred Lansing (1959), la cual me cautivó durante mi paso por la universidad. Espero que el aislamiento de ocho meses de Ernest Shackleton y sus hombres nos sirva de ejemplo y nos ayude a afrontar con entereza esta cuarentena. Y que sus aventuras aviven nuestro corazón viajero que debemos sujetar en estos meses.



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