viernes, 7 de septiembre de 2018

Che Hemingway!


El olor a pólvora quemada, el sonido de las olas rompiendo contra las rocas de un espigón. Las sensaciones que nos deja un lugar en nuestra memoria son  únicas; para mí estas son algunas de las que me dejó Valencia después de pasar cuatro años dedicándome a los estudios de Biología. No es difícil quedarse prendado de esta ciudad, de soleados veranos y suaves inviernos. Esto mismo le pasa a Pilar, una enérgica guerrillera republicana que combate en  Segovia.

"-Fernando-dijo María-,cuéntanos cómo lo pasaste cuando fuiste a Valencia.
-No me gustó Valencia. (...) Las gentes no tienen modales ni cosa que se le parezca y yo no entendía lo que hablaban. Todo lo que hacían era gritarse che los unos a los otros.

-¡Ah! Vete de aquí, simplón, cara de monja-dijo Pilar-; lárgate porque me estas poniendo mala. En Valencia he pasado la mejor época de mi vida. Vamos. Valencia. No me hables de Valencia." 

No es de extrañar que en esta novela, ambientada en la Guerra Civil Española, se le de tanta énfasis a la belleza de la "terreta" valenciana. El autor de este libro, el periodista norteamericano (ganador de un premio Pullitzer) Ernest Hemingway visitó Valencia en 1937 mientras ejercía como corresponsal de guerra para la North American Newspaper Alliance. Al finalizar la guerra, escribió la novela Por quién redoblan las campanas (1940), donde recopiló en diferentes personajes las personalidades y sensaciones que tuvo al ver la España de la Guerra Civil y a sus ciudadanos. Protagonizada por Robert Jordan, un brigadista estadounidense que se reúne con la guerrilla castellana con la Ofensiva de Segovia.


"Eso es Valencia...Hacíamos el amor en la habitación, con las persianas bajadas. La brisa se colaba por lo alto del balcón, que se podía dejar abierto gracias a las bisagras. Hacíamos el amor allí, en la habitación en sombra. incluso de día, detrás de las persianas, y de la calle llegaba el perfume del mercado de flores y el olor a pólvora quemada, de los petardos, de las tracas que recorrían las calles y explotaban diariamente, a mediodía, durante la feria.

Había una línea que daba vueltas a toda la ciudad y las explosiones corrían por todos los postes y los cables de los tranvías, restallando con un estrépito que no puede describirse. Hacíamos el amor y luego mandábamos a buscar otra jarra de cerveza, cubierta por gotas por fuera, y cuando la camarera la traía, yo la tomaba en mis manos y la ponía, helada sobre la espalda de Finito, que no se había despertado.

Y él bebía sin abrir los ojos, y volvía a dormirse, y yo me tumbaba con una almohada a los pies de la cama, y lo contemplaba mientras dormía, moreno y joven, con aquel pelo negro, tranquilo en su sueño. Y me bebía todo el jarro escuchando la música de una charanga que pasaba...No quiero ser injusta. Pero no consentiré que nadie diga nada en contra de Valencia".



En esta conversión, principalmente ventrílocua, que ocupa varias páginas, Hemingway hace una breve exposición de la cultura valenciana, alimentos, tradiciones, fiestas... Inevitablemente, su descripción te lleva a esos barrios-pueblo con carácter propio, como Benimaclet o el Cabañal, que aun mantienen ese espíritu que el autor ha conseguido retratar delicadamente. Espero que mis amigos valencianos, y los que como yo, han tenido la oportunidad de vivir en Valencia disfruten de este fragmento del texto.

"-A mí no me gustó- dijo Fernando tranquilamente-. A mí no me gustó Valencia.

-Y aún dicen que las mulas son tozudas-dijo Pilar-. Recoge todo, María, para que podamos marcharnos.
Mientras decía esto, oyeron los primeros zumbidos que anunciaban el retorno de los aviones."

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