domingo, 3 de febrero de 2019

Por un puñado de fósiles

"Si efectuamos hallazgos como este-dijo Edward Cope- eso significa que no hemos hecho más que rascar lo que es posible descubrir. (...) El hombre empequeñece cuando cobra consciencia de qué bestias extraordinarias le precedieron."


Ejemplo de mi propia colección.


Dicen que en la vida hay tres momentos en los que nuestro conocimiento de los dinosaurios se dispara: cuando somos niños, cuando los estudiamos en el colegio y cuando nuestros hijos son niños. En mi caso, la pasión por la Evolución de la vida y el estudio de especies pretéritas me marcaron durante mi paso por la Universidad. Tanto, que me especialicé como paleontólogo dentro de la amplia Ciencia de la Biología. La visión moderna que tenemos hoy de estos reptiles extintos, está influenciada y teatralizada por las películas de la gran pantalla. Y aquí tuvo un papel clave un escritor estadounidense, Michael Crichton.

Michael Crichton.

Es el autor de las célebres novelas Parque Jurásico (1990) y El mundo perdido (1995), las cuales inspiraron a Steven Spielberg para filmar la famosa película Jurassic Park. A pesar de no ser paleontólogo de formación (sino médico), Crichton plantea argumentos decorados con razonamientos reales, convenciendo al lector de que la ficción está solo a un paso de ser lograda por el ser humano. La novela que destriparé hoy es una de las más actuales (vaya si es actual, que es una novela póstuma), centrada otra vez en la temática de los dinosaurios. Pero en vez de devolverlos a la vida por medio de la genética, nos traslada ciento cincuenta años atrás, cuando estos huesos no eran más que pruebas heréticas de que la fauna no siempre  había sido igual sobre la faz de la Tierra.

Dientes de dragón nos cuenta la historia de William Johnson, un estudiante universitario que se ve envuelto en la famosa Bone's War en el año 1876 (o la Guerra de los Huesos). Se trata de un conflicto competitivo entre los paleontólogos Edward Drinker Cope (profesor de la Universidad de Pensilvania) y Othniel Charles Marsh (profesor de la Universidad de Yale). En la década de 1870, ambos profesores llevaron a cabo expediciones en el oeste estadounidense y describieron algunos de los dinosaurios más conocidos hoy en día. Pero su enemistad y competencia rayaba el extremo, llegando a contratar a bandas armadas para prevenir robos y ataques, de ahí viene el nombre, la Guerra de los Huesos.

Profesor Marsh (centro, segunda fila) con los asistentes a una excavación paleontológica, en 1872.

Con solo dieciocho años se enrola en la excavación y viaja al peligroso Oeste, donde el ejército americano está en guerra con las tribus indias. A lo largo de la novela se encontraran con indios crow, sioux y shoshoni. Uno de los puntos más positivos del libro es la contextualización que realiza, tanto de las Guerras indias contra las tribus Sioux, como de la situación política. Gran parte de la novela se desarrolla en las Black Hills, donde entre 1876 y 1877, los Sioux, bajo el mando de jefes tribales como Toro Sentado o Caballo Loco, enfrentaron al ejercito americano.

"He adquirido todo lo que figura en la lista del secretario del museo, entre otras cosas un cuchillo de caza, un revólver Smith&Wesson de seis tiros, un rifle de calibro .50, botas de montar recias y un martillo de geólogo."

Además la novela explica de manera formidable los avances de la geología y paleontología, así como la mala aceptación de éstos en la sociedad americana religiosa. La época en la que se desarrolla el libro es muy interesante. Se acaba de publicar El Origen de las Especies de Darwin (1859) y el término dinosaurio se había acuñado solo treinta años antes por Richard Owen (1842). Esta fue la era en la que se sentaron las bases de la Paleontología, y científicos como Cope y Marsh, fueron auténticos revolucionarios en la forma de entender la vida pasada. En algunos pasajes del libro se muestra esa reticencia a admitir la existencia de faunas "prediluvianas", acusando a los huesos de ser pruebas heréticas. Incluso uno de los estudiantes se niega a admitir las pruebas evolutivas, dando lugar a una conversación que vale la pena recordar:

"-¿Está diciendo que ese cráneo de Neander es humano?-preguntó Morton.

-No lo sé- respondió Cope-. Pero no veo cómo se puede creer que los dinosaurios evolucionaron, los reptiles evolucionaron y los mamíferos como el caballo evolucionaron, y en cambio creer que el hombre brotó plenamente desarrollado, sin antecedentes.

-¿No es usted cuáquero, profesor Cope?

-(...) La religión explica lo que el hombre no puede explicar. Pero cuando veo algo delante de mis ojos, y mi religión se apresura a asegurarme que me equivoco, que no lo veo en absoluto...No, es posible que ya no sea cuáquero, a fin de cuentas."

Todo este trasfondo científico, político y social es idóneo para zambullirnos en la historia y entender cómo piensan y actúan los personajes de la novela. Aunque la trama argumental no es muy complicada, en mi opinión, la contextualización, el espíritu aventurero y la acción hacen de esta una novela muy recomendable. Especialmente si eres fan de los dinosaurios.

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